YLN: Historia no oficial, y ni siquiera historia, de por qué está esto aquí y por qué no en otro lado.
Para quienes han emprendido alguna vez la alucinante experiencia que no camino o senda de gloria de publicar un fanzine en México, sabrán que la empresa no sólo no es fácil, sino que en la mayoría de las ocasiones resulta ser un afán de locos. O, al menos, eso parecía en el año de 1994, cuando Isauro Cruz y yo comenzamos a acariciar la idea de crear lo que resultaría finalmente en ese engendro que dimos en llamar Yet Len Niis.
Hoy, hasta talleres de creación de fanzines se imparten en el Centro Nacional de las Artes... son otros tiempos, diremos, y nos preguntaremos maliciosamente cuántos experimentos válidos y duraderos han salido de todo eso. Las experiencias se validan con los años, cierto, y será una bendición para el desolador panorama editorial mexicano el que esas nuevas corrientes del fanzine lleguen a muy buen puerto (por cierto, Fox, no le vayas a poner impuesto al fanzine).
Pero atrás, en 1996, cuando iniciamos el invento, no era nada fácil. Nada fácil empezar, nada fácil llegar a los escritores o que ellos llegaran a nosotros. Nada fácil imprimir los 350 ejemplares por número que eran nuestra meta (al final llegamos a los 100 por número, lo cual fue todo un logro, créanme). Nada fácil el diálogo con nuestras propias carencias, con una distribución cuasi imposible, con la reunionitis que aquejó a nuestros colaboradores, con sus desencantos y los nuestros, con la persecución de que fuimos objeto por parte de afanes esteticistas... Nada fácil llegar a la conclusión de que debíamos terminar al llegar al número 8, en 1997.
Logramos un año de permanencia. Cartas de colegios de humanidades, de universidades. Una histórica pelea epistolar con Eusebio Ruvalcaba. Felicitaciones de Emilio Carballido y hasta un reconocimiento público de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Todo ello fue motivo de orgullo y de muerte. Todo ello fue ejemplo de los muchos entusiasmos y de la brutal indiferencia detrás de ellos. Por todo ello hemos decidido hoy rescatar en formato electrónico aquellos ocho esfuerzos comunes... porque para nosotros, para todos, en aquel momento, valió la pena. Aún hoy, la vale y por mucho.
Tal vez lo más importante haya sido poder conocer y disfrutar de la cercanía de todos aquellos poetas, agrestes grafiteros y comiqueros, aquellos vampíricos caballeros y vampíricas damas que hoy, seguramente, estarán por encontrar la puerta del reconocimiento multitudinario o se habrán perdido en las prerrogativas de la vida adulta. La mayoría estarán por llegar a los 30. La mayoría serán ya lo que son, sin demora posible. Pero aún hoy, en nuestra nostalgia, echamos de menos a aquel entusiasta Pedro Romero Malváez, aquella exigente Ida Moh, la entrañable e implacable poeta Alejandra Silva, la talentosísima Carolina Esparragoza o la distante Oliva Esparragoza, por mencionar sólo a algunos.
Yet Len Niis representa hoy, con mucho, una lúcida página de la historia de la literatura contemporánea de México, una página riquísima de su historia cultural. Habrá quienes no se atrevan a verlo o que incluso lo nieguen con fervor. A nosotros, como decíamos en aquellos días y como lo decimos hoy, nos vale madre. Lo es, porque allí está la voz de una generación; la que llamábamos la generación desnutrida, la generación x... la generación de la tortilla y el agua hechos fanzine de tercera.
Ojalá el visitante lo disfrute. O, por lo menos, ojalá lo encuentre decididamente ofensivo y de mal gusto... lo habremos logrado, de todos modos.
El hecho es que existimos.
Daniel Iván
Editor
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